Una noche soñé,
que todavía era ayer.
Un ayer tan lejano,
que solo podía ser un regalo,
y el regalo era,
que todavía estabas a mi lado.
Contenta y sonriente,
sonrojadas mejillas
y tu cuerpo
fuego candente.
No parecías,
venir de la muerte,
vestida como siempre.
Cabello plateado
y moño alzado
y una brillante luz,
te acariciaba con cuidado,
como si de un frágil cristal, fueses
y con miedo te rompieses.
Un largo puente,
entre la vida y la muerte
y una espera permanente..
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